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Desde sus comienzos, a los monjes taoístas les interesó el tema del origen y la formación del mundo. Lao Tzu y sus discípulos estuvieron muy interesados en estas cuestiones cosmológicas creando un vocabulario que sería usado por las diferentes escuelas taoístas posteriores a ellos. En el Tao Te Ching, Lao Tzu no hace otra cosa  que adaptar el origen mitológico del mundo a un lenguaje más metafísico. Los conceptos que irá introduciendo Lao Tzu derivan de las antiguas nociones de la Unidad Primordial narrados en este mito cosmológico de la creación. Por esto, para comprender mejor el origen de los conceptos del Tao y el Taiji debemos conocer el mito sobre el origen del mundo según la mitología china.

En un origen existía un caos primordial que comenzó a tomar la forma de un huevo donde convivía el yin y el yang de manera desordenada hasta que se equilibraron y de este huevo surgió Pan Ku, el dios primordial, que separó ambas energía convirtiendo el yang en el Cielo y el yin en la Tierra. Para mantenerlas separadas permaneció miles de años empujando el cielo para separarlo de la tierra. Mientras él crecía la tierra se iba hundiendo y el cielo iba alejándose casa vez más. Cuando murió sus ojos se convirtieron el Sol y la Luna, su cuerpo fueron las montañas, su sangre los ríos, su pelo dio origen a los bosques, sus músculos fueron tierras fértiles y así cada parte de su cuerpo, hasta que las pequeñas criaturas que habitaban en su cuerpo se convirtieron en los seres humanos.

Creación del Sol y la Luna, de Rafael di Sanzio (Vaticano)